Siempre he pensado que si el recuerdo de lo que hemos sido es justicia, su olvido es injusticia. Ya sé que tras la frase, alguien está pensando ya: ¿Y éste qué hace aquí si ya no está? Pero es que la pluma me pierde y también los buenos recuerdos de amigos que ya no veo por la voluntad malsana de otros. Por ello no dejan de clamar en mis oídos los ecos de ese recuerdo de lo que yo he vivido en el CEU San Pablo, actual Universidad Cardenal Herrera-CEU. Y ese clamor se convierte en pavor cuando me dicen que en defensa de los trabajadores, de mis antiguos compañeros, aparece una lista sindical con la intención de convertirse en hombres trasparentes para quien ejerce el poder en esa institución con el fin de no sufrir las represalias que, hasta la hora de hoy, se han dejado ver por esos lares. Más aún mi pavor se trasforma en incredulidad cuando veo que en esa lista aparece el nombre de Gabriel Gerez.
Y mi sorpresa surge de que nadie me tiene que contar a mí lo que yo viví ante su fría mirada en el despacho del vicerrectorado, aunque parece que ahora está de moda llegar a un juicio y no acordarse de nada. Pero a mí se me dijo claramente que “las condiciones iban a ser “muy, muy, muy duras”, y el adverbio fue trifásico, en caso de que no aceptara mi reducción de contrato. No sé lo que podría pasar por la mente de cualquiera si estuviese en aquellas circunstancias frente al rostro frío de este señor, pero lo cierto es que yo pensé en un despacho aislado, con mal horario, con vigilancia continua, con espías, pensé en mi hijo de un año, pensé en la casa que había acabado de comprar, pensé en mi mujer, pensé en mi vida, que no por nada, pero no quería perderla al menos en sus formas. Y eso fue lo que me pasó: que me metieron el miedo, el terror, la amenaza y la intimidación, en el cuerpo y de allí no salió hasta que salí de esa casa. ¿Y quién no se ha sentido así cada año a partir del mes de junio, incluso antes? Es curioso que en la actualidad el que colaboró con ese régimen de terror ahora intente pasar por el demócrata de toda la vida y la persona que puede defender los derechos de los trabajadores. Que cada uno haga lo que quiera, pero esa fue mi experiencia y esa es la experiencia que veo repetirse cada año cuando en el mes de julio me veo obligado a leer los periódicos valencianos con la noticia de nuevos despidos, a pesar de las contrataciones. Hasta ahora yo sólo he visto a un grupo de personas partirse el pecho por los derechos laborales de los trabajadores del CEU y eso corre peligro. El censo ya no es lo que era, es más, cada año es una lista sujeta a la depuración.
Un abrazo compañeros y que el libre albedrío os conduzca en esas elecciones donde vosotros decidáis encaminaros.
Luis Veres
Universidad de Valencia
Facultad de Filología, Traducción y Comunicación
Departamento de Teoría de los Lenguajes
Av. Blasco Ibáñez 32
46010 Valencia.
Sobre memoria y olvido.
Siempre he pensado que si el recuerdo de lo que hemos sido es justicia, su olvido es injusticia. Ya sé que tras la frase, alguien está pensando ya: ¿Y éste qué hace aquí si ya no está? Pero es que la pluma me pierde y también los buenos recuerdos de amigos que ya no veo por la voluntad malsana de otros. Por ello no dejan de clamar en mis oídos los ecos de ese recuerdo de lo que yo he vivido en el CEU San Pablo, actual Universidad Cardenal Herrera-CEU. Y ese clamor se convierte en pavor cuando me dicen que en defensa de los trabajadores, de mis antiguos compañeros, aparece una lista sindical con la intención de convertirse en hombres trasparentes para quien ejerce el poder en esa institución con el fin de no sufrir las represalias que, hasta la hora de hoy, se han dejado ver por esos lares. Más aún mi pavor se trasforma en incredulidad cuando veo que en esa lista aparece el nombre de Gabriel Gerez.
Y mi sorpresa surge de que nadie me tiene que contar a mí lo que yo viví ante su fría mirada en el despacho del vicerrectorado, aunque parece que ahora está de moda llegar a un juicio y no acordarse de nada. Pero a mí se me dijo claramente que “las condiciones iban a ser “muy, muy, muy duras”, y el adverbio fue trifásico, en caso de que no aceptara mi reducción de contrato. No sé lo que podría pasar por la mente de cualquiera si estuviese en aquellas circunstancias frente al rostro frío de este señor, pero lo cierto es que yo pensé en un despacho aislado, con mal horario, con vigilancia continua, con espías, pensé en mi hijo de un año, pensé en la casa que había acabado de comprar, pensé en mi mujer, pensé en mi vida, que no por nada, pero no quería perderla al menos en sus formas. Y eso fue lo que me pasó: que me metieron el miedo, el terror, la amenaza y la intimidación, en el cuerpo y de allí no salió hasta que salí de esa casa. ¿Y quién no se ha sentido así cada año a partir del mes de junio, incluso antes? Es curioso que en la actualidad el que colaboró con ese régimen de terror ahora intente pasar por el demócrata de toda la vida y la persona que puede defender los derechos de los trabajadores. Que cada uno haga lo que quiera, pero esa fue mi experiencia y esa es la experiencia que veo repetirse cada año cuando en el mes de julio me veo obligado a leer los periódicos valencianos con la noticia de nuevos despidos, a pesar de las contrataciones. Hasta ahora yo sólo he visto a un grupo de personas partirse el pecho por los derechos laborales de los trabajadores del CEU y eso corre peligro. El censo ya no es lo que era, es más, cada año es una lista sujeta a la depuración.
Un abrazo compañeros y que el libre albedrío os conduzca en esas elecciones donde vosotros decidáis encaminaros.
Luis Veres
Universidad de Valencia
Facultad de Filología, Traducción y Comunicación
Departamento de Teoría de los Lenguajes
Av. Blasco Ibáñez 32
46010 Valencia.